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Educando en valores. Los cuentos de Tatyana Firago

2 Abr

Hay cosas que superan, si puede, la ilusión que crece en nosotros cuando los papás y mamás nos escriben contándonos lo mucho que a sus hijas les gustan nuestras muñecas, cosas como descubrir que nuestras queridas muñecas sirven para algo más que alimentar los sueños, que sirven para educar en valores, para que en esos niños y niñas crezcan unos valores por los que nosotros abogamos desde el día en el que comenzamos a fabricar muñecas.

Desde Alemania nos ha llegado una bellísima historia, la de Tatyana Firago una joven de Bielorrusia que actualmente vive en Alemania y trabaja en una escuela de primaria dando clases extraescolares mientras termina su carrera de profesora. En estas clases lee a los niños relatos fotográficos que ella misma crea. Estos relatos, ilustrados a través de las muñecas Paola Reina, hablan del respeto por las diferencias, del amor por los animales, de la igualdad, amistad, multiculturalidad y tolerancia.

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(En esta imagen Tatyana preparando los foto reportajes, Tatyana con su hijo Víctor e imágenes de los foto reportajes)

Sus relatos, en los que ha creado un club de amigas a través de nuestras muñecas, los realiza junto a su hijo Víctor, nacido en Bélgica, él es el primero en leer sus historias y le ayuda en sus reportajes fotográficos para incorporarlos a los relatos en los que tratan la realidad de la multiculutralidad en las escuelas. Con estos cuentos Tatyana y Víctor buscan fomentar el interés en otras culturas y la amistad entre las personas. fotolibro_munecas_Paola_Reina_Tatyana_2

(En esta imagen Víctor preparando el escenario para los foto cuentos e imágenes de los mismos)

Queremos dar las gracias a Tatyana y Víctor por realizar esta bellísima labor, por preocuparse y trabajar por educar en valores a los más pequeños y sobre todo por contar con las muñecas Paola Reina para ello, nos alegra conocer este tipo de iniciativas y estaremos encantados de descubrir muchas más.  Pronto os publicaremos alguno de sus foto-cuentos.

 

Para hoy un cuento…

8 Ago

Las muñecas perdidas

En enero de ese año las lluvias castigaron al sureste de Brasil. Todo comenzó como una llovizna ligera, pero el cielo se fue cerrando. Entre el estruendo de los truenos y el brillo de los relámpagos caía una inmensa cantidad de agua, como no se había visto nunca en aquellos pueblos. Las calles se anegaron al grado de parecer ríos que se llevaban todo lo que hallaban a su paso: plantas, mascotas, utensilios caseros, macetas, muebles y adornos.

Silvia y Elizabeth eran dos pequeñas hermanas del poblado Nova Friburgo. La tormenta las sorprendió cuando volvían a casa caminando desde la escuela. No lograron alcanzar su hogar, la corriente las arrastró y las llevó a las afueras. Se tomaron muy fuerte de la mano y cientos de metros más adelante Silvia, que era la mayor, logró detenerse de la rama de un árbol. Haciendo un esfuerzo extraordinario para su tamaño, jaló a su hermana y nadó, con un solo brazo, hasta un terreno seco y seguro.

¡Habían logrado salvarse! Rieron de alegría al darse cuenta de ello. Sin embargo, habían perdido sus mochilas. No es que los útiles les importaran tanto, pero en una de ellas iba Florencia, la muñeca favorita de ambas, a quien querían con toda el alma. Pasaron aquella noche en el campo solas, atemorizadas y friolentas… Sin embargo, al día siguiente la lluvia cesó y las despertó el brillo de un sol espléndido.

Caminaron al pueblo y planearon buscar a Florencia. “Pobrecita, traía ropa muy ligera” dijo Silvia. “Sí, y no bebió su leche” comentó Elizabeth. El panorama del pueblo era muy triste cuando comenzaron su búsqueda. De repente vieron una manita de plástico en la orilla de la calle. ¡Pero no era Florencia, sino la muñeca de otra niña que también se había perdido! “No es la nuestra” comentó Elizabeth. “No” respondió Silvia, “pero vamos a recogerla, pues está sola y triste”.

A su paso recogieron varias muñecas más y ya no podían cargarlas. En un lote baldío instalaron un campamento de muñecos rescatados. Extendieron una sábana sobre el suelo y los fueron acomodando, los secaron, les lavaron la carita y les dieron un beso. Horas después un chiquillo llegó al campamento y les dijo: “Aquí les traigo a otra damnificada”. ¡Esta sí era Florencia! Estaba mugrosa y despeinada, pero no importaba, había vuelto con ellas.

Elizabeth y Silvia no eran las únicas rescatistas de Nova Friburgo. Desde la noche anterior los padres de ambas las buscaban con esfuerzo y entrega. No habían logrado hallarlas, pero fueron reuniendo a todos los chicos que vieron perdidos en la calle y les pidieron permanecer tomados de la mano formando una larga cadena. Cuando los vieron llegar al campamento, Silvia y Elizabeth corrieron a abrazarlos. Los otros niños, por su parte, se apresuraron hasta donde estaban los muñecos y cada uno recuperó sus juguetes perdidos. Permanecieron juntos en el campamento y, en los días siguientes, poco a poco, se reencontraron con sus familias.

—Adaptación del relato incluido en el libro Tormenta y tormento de Manuel Anzures.

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